LA NIÑEZ

Álvaro Gómez nació en la ciudad de Bogotá, el 8 de mayo de 1919. Fueron sus padres el doctor Laureano Gómez Castro y doña María Hurtado Cajiao, y era el segundo de cuatro hijos: Cecilia, Álvaro, Rafael y Enrique.

En la niñez los juegos propios de los niños de su época se entretejieron con capítulos reales de cuentos fantásticos. A los cuatro años estuvo a punto de naufragar por una sobrecogedora tempestad en el mar. A los seis años don Miguel de Unamuno le enseñó en una playa el arte de fabricar pajaritos de papel.

Sus primeros estudios los realizó en escuelas de Bogotá, Buenos Aires, París, Bruselas y Berlín.

Álvaro Gómez pasó los primeros años en una casa que todavía existe, frente al templo de la Inmaculada Concepción, en la calle 10 de Bogotá, dotada de tres patios, solar, brevos y papayos. Al frente cruzaba el tranvía, dolor de cabeza de la madre, doña María Hurtado, que nunca superó el temor que dicha vecindad le producía por cuenta de sus inquietos hijos.

"Álvaro fue desde pequeño, muy imaginativo", recordaba su hermana Cecilia: "inventaba juegos fantásticos; muy niño se aficionó a las estampas toreriles, y logró que mamá le confeccionara un capote y un traje de luces. Luego resolvió ser sacerdote, y mamá le hizo los trajes talares. Ante nosotros, sus hermanos, pronunciaba los sermones, ayudado por Dionisio, un criado analfabeto pero dueño de algunas frases en latín".

La inclinación religiosa, dirigida por la madre, se acentuó gracias a Manuela, una vieja criada que llevaba a los dos niños mayores, Cecilia y Álvaro, a recorrer con frecuencia los templos del centro, desde San Agustín hasta Santo Domingo, pasando por Santa Inés, la Catedral y la capilla del Sagrario; también visitaban a los sacerdotes capuchinos de la Concepción, quienes vestían de acólitos a los dos niños, ambos peinados de capul. Los capuchinos retribuían el acolitazgo en habas tostadas.

Las tardes de los domingos iba la familia a casa del abuelo, don Simón Hurtado, localizada en la esquina de la calle 19 con la carrera 7a. Se congregaba toda la parentela. Los niños comían aparte de los mayores, mezclados todos los primos. Jugaban a las "tinieblas", un juego consistente en cerrar la claraboya que daba luz a un aposento cercano al comedor; luego cada cual se escondía donde podía, para que alguien señalado los buscara.

De tiempo en tiempo iban de paseo a la finca San Francisco, ribereña del río Bogotá, en jurisdicción de Fontibón, propiedad de don Simón, donde los juegos principales eran el de escribir con las uñas mensajes en las hojas azules del eucalipto joven; y el de simular, con boñigas de res, navíos donde se clavaban papeles y retazos de tela a modo de banderas y echarlos a flotar río abajo, como si fueran los buques de la "escuadra inglesa". Los niños de entonces no podían estar en casa cuando se acercaba el nacimiento de un hermano. Así, Cecilia, y Álvaro fueron enviados a la casa de abuelos mientras nació Rafael, el tercer hijo de Laureano Gómez y María Hurtado.

Tan pronto nació Rafael, doña María y sus ya tres hijos se embarcaron en Buenaventura hacia Sudamérica, para unirse con Laureano, quien junto con Guillermo Valencia se adelantó a Santiago de Chile, para representar a Colombia en una conferencia panamericana, y enseguida asumir la delegación diplomática ante el gobierno argentino.

Un día, al caer la noche, la tempestad se ensañó en el Pacífico. Las olas rugían sobre el barco, iluminadas por los rayos. Los pasajeros se recogieron en los camarotes. Doña María, acompañada por una señora Carrizosa, pasó el tiempo orando, con Rafico en los brazos. El barco en el que viajaban estuvo a punto de naufragar, y los dos hijos mayores jamás pudieron borrar esta experiencia de la memoria.

A Buenos Aires viajaron por el ferrocarril que transmonta los Andes. En esos desfiladeros los niños conocieron la nieve.

En la capital argentina, Gómez asistió a la escuela pública, que entonces tenía fama en América, y aprendió a leer. Fueron dos años plácidos, aunque ensombrecidos al final por una enfermedad de la hermana.

El regreso se hizo por Nueva York, donde Cecilia estuvo a punto de ser puesta en cuarentena por las autoridades, ya que no se había repuesto de su fiebre.

De regreso en Bogotá, Álvaro cursó el preparatorio, equivalente al quinto de primaria, en el Colegio Nacional de San Bartolomé. En el año 1925 sobrevino una pena: la muerte de don Simón Hurtado, el abuelo.

La familia viajó a Francia, para pasar una temporada en París, donde Laureano profundizaría sus estudios, y Álvaro sería matriculado en el colegio San Luis de los Jesuitas. Vivieron en el barrio "La Estrella", a poca distancia del Arco del Triunfo.

Los domingos iban al Imperio, donde se presentaba un espectáculo similar a un circo de variedades, pero con especialidad en el teatro y los bailarines. Un profesor les enseñó latín y francés e historia de Francia, educación que se complementaba con las visitas a los museos.

En el esmero por la educación de los hijos, Laureano Gómez los internó en Bruselas. Álvaro estuvo en el Saint Michel, el mismo colegio donde estudiaba Alfonso López Michelsen quien estaba unos cursos más adelante.

Una nueva etapa la vivieron en Berlín, cuando el padre fue nombrado ministro de Colombia ante el gobierno de Alemania.

Por aquel entonces Cecilia y Álvaro, guiados por su padre, leyeron las "Vidas Paralelas" de Plutarco. Otra lectura de Berlín fueron las obras de Fedor Dostoievski, que se comentaban en la sobremesa. "Los mejores ratos, no sólo en Berlín, sino durante años, fueron los de la sobremesa", dice Cecilia, para explicar que en esos momentos su padre aprovechaba para promover en sus hijos el amor a la lectura y la afición por la conversación exquisita, en particular sobre los proyectos que cada quien tenía.

¿Qué va a hacer"? era la pregunta clave, y nunca la de otros tantos padres: ¿"Qué hizo"?

Los dos niños mayores acompañaron a Laureano a Londres, para una serie de entrevistas con el entonces embajador de Colombia, Alfonso López Pumarejo.

Y volvieron a Bogotá, para que Laureano comenzara la formidable lucha de oposición, legendaria en la historia de Colombia.

Nuevamente la familia regresó a Colombia, y Álvaro Gómez terminó el bachillerato en San Bartolomé. Obtuvo las mejores calificaciones, tanto que luego del examen final, llamado "de revisión", recibió un mensaje congratulatorio, como el mejor bachiller de su promoción en el país, firmado por un prohombre que estaba en el pináculo de su vida pública: Darío Echandía.

En la Universidad Javeriana cursa luego estudios de derecho, y a los 22 años, en 1941, se gradúa de abogado con la tesis "Influencia del estoicismo sobre el Derecho Civil".

EL MATRIMONIO

De pequeños, Álvaro Gómez y Margarita Escobar López vivieron en el mismo edificio en París, cuando las familias de ambos se hallaban residenciadas en la capital francesa. Se volvieron a encontrar muchos años después en Bogotá, cuando Álvaro comenzaba sus estudios de Derecho en la Universidad Javeriana y Margarita terminaba sus estudios secundarios en el Colegio de Las Casas.

Después de un corto noviazgo, se casaron en la Capilla de San José de la Iglesia de San Ignacio, en Bogotá, el 22 de junio de 1946.

Tuvieron, en casi cincuenta años de feliz matrimonio, tres hijos: María Mercedes, Mauricio y Álvaro José.

EL PERIODISTA

Más que la política y por sobre cualquier quehacer intelectual, es el periodismo la actividad que más atrae a Álvaro Gómez quien durante toda su vida siempre tuvo relación directa con algún medio de comunicación o varios a la vez.

Desde cuando estudiaba en San Bartolomé se vinculó a “El Siglo”, el diario fundado por su padre. Ingresó como traductor de cables, y al poco era también redactor y caricaturista. Muy pronto se hizo experto en todas las artes tipográficas: levanta en linotipo, maneja las tituladoras, arma, fresa e imprime; planea, diseña y además conoce todo el rodaje de la administración de un diario. Si es necesario ilustrar una noticia dibuja el mapa o el croquis correspondiente, y si se quiere un retrato para un artículo literario, lo pinta. De ahí que Gómez Hurtado sea un periodista completo.

Después ejerció las jefaturas de armada y redacción, y luego pasó a ser Subdirector. A consecuencia del golpe de cuartel contra el presidente Alfonso López el 10 de julio de 1944, “El Siglo” fue cerrado y el doctor Laureano Gómez hubo de exiliarse. Entonces Álvaro Gómez como Director encargado, asumió la publicación del periódico a partir del 6 de agosto del mismo año. Luego asistió, en San Francisco, a la fundación de las Naciones Unidas.

A raíz del incendio y total destrucción del “El Siglo”, durante los sucesos del 9 de abril de 1948, Gómez Hurtado, que para entonces se encontraba en Suiza desempeñando las funciones de Embajador, regresó y se entregó a la tarea de reconstruir el periódico.

Como Director encargado empezó a editarlo desde el mes de mayo de ese año. A partir del 29 de noviembre de 1949, elegido el doctor Laureano Gómez presidente de la República, Álvaro Gómez asumió la dirección titular, cargo que desempeñó hasta el 23 de enero de 1953 cuando se retiró por haber sido designado Embajador en Italia.

En 1949 después de haber estudiado en los Estados Unidos la organización y métodos de los grandes periódicos norteamericanos, estableció en “El Siglo” las llamadas “Juntas de Redacción”, que consistían en diálogos cotidianos a horas del mediodía con los redactores, cronistas, comentaristas y colaboradores para analizar el ejemplar de la fecha, compararlo con los competidores y planear y distribuir los trabajos de la siguiente jornada. Esas “Juntas de Redacción” cobraron gran fama porque, presididas por Álvaro Gómez, resultaban ser cátedras del más auténtico periodismo, además de constituir el mejor centro de información sobre todos los aspectos de la vida nacional. Para unificar el estilo y elevar las calidades del personal vinculado a “El Siglo” escribió un libro didáctico que tituló “Cuadernos de formación para redactores y corresponsales”, el único texto sobre enseñanza de periodismo que se había, por la época, elaborado en Colombia.

A la dirección de “El Siglo” volvió el doctor Álvaro Gómez el 12 de junio de 1976 y en el cargo permaneció hasta el 24 de febrero de 1983, cuando nuevamente dejó el periódico para desempeñarse como Embajador en Washington.

En el lapso comprendido entre 1938 y 1941 Gómez Hurtado dirigió la “Revista Colombiana”, una publicación quincenal de altísimo calado cultural. En diciembre de 1975 fundó la revista semanal “Síntesis Económica”, importante órgano de análisis de los sucesos económicos de Colombia y el mundo.

En 1976 fundó el noticiero “24 HORAS” que desde entonces y por más de 20 años se emitió por televisión.

El 24 de julio de 1977 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar” que exaltaba su vida y obra.

De su obra periodística como director de EL SIGLO entre 1976 y 1983, se publicaron ocho tomos de sus editoriales, así:

- “La Otra Opinión”.

- “Opinión”.

- “Ante la Decadencia”.

- “Civismo y Civilización”.

- “Planeación”.

- “Posiciones”.

- “Calidad de la Vida”.

- “Temas Cardinales”.

EL DIPLOMÁTICO

En cuatro oportunidades el doctor Álvaro Gómez fue Embajador de Colombia y en otras muchas llevó la representación del país en eventos internacionales.

En el año 1947, durante el gobierno del presidente Ospina Pérez, Gómez Hurtado fue designado Embajador en Suiza, país en donde se encontraba cuando se produjeron los sucesos del 9 de abril de 1948. A Colombia regresó inmediatamente con el objeto de entregarse a la reconstrucción de “El Siglo”, totalmente destruido por las turbas en aquella fecha nefanda.

En enero de 1953 fue nombrado por el presidente Urdaneta Arbeláez, Embajador en Italia. Estando en desempeño de sus funciones ocurrió la muerte de su hermano Rafael, en un accidente aéreo, y habiendo viajado al país con ocasión de ese triste suceso, fue sorprendió por el golpe militar del general Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953. El día 17 fue expulsado de Colombia en compañía de su padre. Después de una pausa en Nueva York, con su familia, se radicó en España. Por el presidente Belisario Betancur fue designado Embajador en Washington, y a los Estados Unidos viajó a principios del año 1983 para presentar cartas credenciales al presidente Ronald Reagan el 7 de abril del mismo año. En el cargo permaneció hasta el mes de octubre de 1984 cuando renunció para atender a su segunda campaña presidencial.

Entre febrero de 1992 y marzo de 1995 se desempeñó como embajador en Francia, nombrado por el Presidente Cesar Gaviria.

También fue delegado a las conferencias internacionales de Comercio y Empleo, en La Habana; de Aviación Civil, en Suiza; de Libertad de Información y de Ciencias Administrativas, en Ginebra; Internacional de Cancilleres, en Punta del Este, y de Organización Latina de Cooperación Económica, en París. Además, como delegado por Colombia ha asistido a los congresos de prensa en Caracas, La Habana y Nueva York.

EL INTELECTUAL

“Es una estupenda obligación repensar todas las cosas”

Buenos Aires, París, Bruselas, Berlín, Bogotá y la casa paterna fueron los centros de formación de Álvaro Gómez. Una sólida cultura humanística vigilada de cerca por su padre Laureano Gómez forjó en el joven Gómez a un sólido intelectual.

Siendo un adolescente comienza su ejercicio periodístico, que no ha abandonado en toda su vida. Ya su nombre figura no sólo en la noticia diaria buscada y hecha por él, sino que en el suplemento literario de “EL SIGLO” aparecen sus primeros juicios críticos sobre política, arte, filosofía, literatura, etc.

Leer, escribir y opinar se convierten en sus hábitos diarios. Poco después venía la política y desde entonces el país se habituó a ver en Álvaro Gómez al hombre culto, estudioso y crítico. El ejercicio del periodismo y de la política se convierten en eficientes motores para exigirse y mantenerse en forma intelectualmente. Quitándole tiempo a estas dos actividades básicas, escribe profundos ensayos sobre política y sobre literatura. Analiza certeramente las corrientes culturales de su tiempo. Los temas sociales, jurídicos, económicos y políticos fueron una y otra vez pensados y repensados. Columnas de prensa, editoriales, ensayos y conferencias sobre ellos, han decantado su posición intelectual convirtiéndolo en uno de los más profundos escritores públicos de Colombia en las últimas décadas. La cátedra universitaria, los centros de estudios, y el parlamento fueron testigos de su talante intelectual.

De esta intensa actividad intelectual Álvaro Gómez escribió los siguientes libros:

- “Influencia del Estoicismo sobre el Derecho Civil”.

- “El Paraíso Perdido de los Soviets”.

- “Herencia Colonial de la Imaginería Religiosa de Santa Fe de Bogotá”.

- “Gloria, Arte y Humor de José María Espinosa”.

- “Cuadernos de Formación para Redactores y Corresponsales”.

- “Influencia Étnica”.

- “Tierra”.

- “Soy Libre” (escrito a raíz de su secuestro)

- “La Revolución en América”.

Compilaciones de sus discursos, conferencias y ensayos se han publicado los siguientes libros:

- “El Engaño de la Reforma Agraria”.

- “Devaluación 1962”.

- “Hoy en el Pensamiento de Álvaro Gómez”.

- “Política para un País en vía de Desarrollo”.

- “Álvaro Gómez: Diccionario Político”.

- “Las Letras y el Talante”.

-“El Pensamiento económico-social de Álvaro Gómez”, por Alberto Bermúdez.

- “Álvaro Gómez Informal”, por Oscar Castaño.

Póstumamente se ha publicado la cátedra universitaria de “Cultura Colombiana” en tres tomos:

- “Cultura y Civilización”

- “Choque de Culturas”

- “El Tiempo Perdido”

También una recopilación de la correspondencia enviada a su esposa durante su vida, titulada:

“Pensando en ti Margarita”.

Póstumamente se han editado las siguientes publicaciones referidas al personaje:

- ÁLVARO GÓMEZ HURTADO “Su pensamiento Vive” por Alberto Bermúdez.

- Una visión del siglo XX: De Laureano a Álvaro Gómez por Juan Gabriel Uribe.

- Rasgos para un perfil ÁLVARO GÓMEZ por Gabriel Cabrera.

EL ARTISTA

Álvaro Gómez, nacido en un hogar en el cual se rendía culto al arte, mostró desde muy niño una gran afición hacia el dibujo primero y hacia la pintura después. Su padre, quien dibujaba y tallaba en madera, y su tío, José Gómez, uno de los más grandes caricaturistas de Colombia, estimularon en él este pasatiempo. Durante sus estudios primarios intensificó dichas disciplinas y siendo adolescente, en el periódico El Siglo, recién fundado, sus retratos, dibujos e ilustraciones comenzaron a publicarse en el diario y en especial en el Suplemento Literario. La actividad periodística lo convirtió en el cartógrafo oficial de la redacción y en su caricaturista suplente. Durante el destierro en España, se matriculó en la Academia San Jorge para ampliar sus conocimientos de pintura y mejorar su técnica.

Álvaro Gómez dibujaba y diseñaba sus propias tarjetas de Navidad con las que sorprendía a sus amigos.

Uno de los últimos libros del poeta Eduardo Carranza fue ilustrado por Álvaro Gómez.

''En cuanto a la poesía a veces nos reuníamos con el poeta Eduardo Carranza, nos recitábamos recíprocamente los nuevos versos que habíamos encontrado por ahí. Y eso se nos volvió un hábito. Carranza era un compañero de viaje que ejercía como poeta. Digamos que el poetizaba todos los días y eso me gustaba. Tremendamente honesto y descubridor de cosas, de formas de decir, de expresiones campanudas. Tenía una devoción por la fuerza expresiva del lenguaje. Era su característica más apreciable como contertulio. Le encontraba sabores y mensajes a las palabras. Y nos fuimos refinando en la selección de textos. Caímos en Quevedo. Lo considerábamos infinito en el uso magistral de los vocablos. Por eso nos reuníamos de cuando en vez con algunos otros amigos, y almorzábamos para releer trozos de Quevedo y comentarlos. Le agregábamos algo de Gracián, o de algún otro de los barrocos del siglo de oro. Y a este ejercicio le tomábamos verdadero gusto. Claro que esto era un pretexto para hablar luego de política o de otros temas de actualidad. ''

A mediados de la década de los sesenta, en plena campaña política, firmó sus caricaturas con el seudónimo de Timoteo; poco después lo compartió con Ugo Barti, quien finalmente terminó apropiándose de él, con el beneplácito de Álvaro Gómez.

Hacia finales de esa década pintó los telones utilizados en las distintas obras de teatro del Grupo La Farsa, que fundó y dirigió su hijo Mauricio Gómez. Durante sus distintas épocas en las cuales fue Director de El Siglo, diagramaba personalmente la primera página y muchos de sus colaboradores guardan con orgullo y celosísimamente esos bocetos.

Sustrayéndole tiempo a los numerosísimos compromisos políticos realizó una serie de grabados titulados “El caballo amigo útil del hombre” que fueron subastados y ayudaron a financiar sus actividades políticas.

Ferviente admirador de los caballos, los pintó en infinidad de movimientos. Decía de ellos que habían colaborado amistosamente con el hombre durante cinco milenios para domeñar la naturaleza franqueándole jornadas antes peatonales y prestándole su fuerza como elemento de tracción; y se dolía de que esa amistad milenaria se hubiera quebrantado al promediar El Siglo XX, cuando el hombre descubrió que el caballo ya no le era útil.

«Y como siento, a la vez, nostalgia por esa amistad perdida y soberbia por la ingratitud humana, me reconforta y me desahoga pintar caballos. Muchos caballos... los caballos que otrora fueron nuestros amigos».

En la rectoría de la Universidad Sergio Arboleda reposan dos óleos pintados por Álvaro Gómez uno de Simón Bolívar y otro de Miguel Antonio Caro.

" Yo siempre he pensado que la grandeza de Bolívar no reside tan sólo en haber triunfado militarmente, sino en haber dignificado nuestro nacimiento a la vida republicana, en habernos librado de una Independencia de montoneras, sin héroes, y sin nobleza".

"Lo admirable de Miguel Antonio Caro, fue que logró plasmar en formas jurídicas toda la complejidad de la organización del Estado"

EL POLÍTICO

Desde su primera edad tuvo Álvaro Gómez contacto con la política. Su padre fue el jefe del partido conservador y el más deslumbrante parlamentario de la historia colombiana. Estar a su lado era encontrarse en el centro de la política.

Los primeros recuerdos políticos de Gómez Hurtado se remontan a los tiempos en que el doctor Laureano Gómez fue ministro en la administración del general Pedro Nel Ospina, por allá en 1925 y 26, y hacen relación con las visitas que el Presidente de la República solía efectuar a su familia en una finca veraniega cercana a Bogotá. Sus primeras intervenciones políticas las realizó en Alemania, cuando con grupos de la juventud alemana hizo activismo y en las calles de Berlín pegó afiches en favor del centrista mariscal Hindenburg y en contra de Hitler y su movimiento nazista, y en contra de Thelemar que era el candidato comunista. Su primera actividad en Colombia ocurrió cuando, usando todavía pantalones cortos durante unas vacaciones escolares, acompañó a su padre en una gira política por el Valle del Cauca; durante una concentración algunos del público pidieron que hablara el hijo de Laureano Gómez; "me asusté mucho -rememoraba Álvaro Gómez- pero salí al balcón. Creo que no me fue tan mal y perdí para siempre el temor a los discursos".

Su acercamiento al parlamento tuvo lugar siendo aún muy joven, porque desde cuando contó apenas edad suficiente acompañaba a su padre al Congreso, costumbre que conservó siempre. Y a los cuerpos colegiados ingresó también muy joven. A los 21 años era concejal, a los 25 representante y a los 32 senador de la República, edad fijadas como mínimas por la Constitución Nacional para desempeño de esos cargos electivos.

Contando con escasos 21 años fue elegido concejal de Engativá, población vecina a Bogotá, y tuvo por colegas en ese cabildo a dos liberales que años después serían presidentes de la República: los doctores Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay.

En varias oportunidades fue concejal de Bogotá y otros municipios de Cundinamarca. Representante a la Cámara en 1944-1946 y 1948-1950. Senador en los períodos 1950-1954; 1958-1962; 1962-1966; 1966-1970; 1978-1982; 1982-1986.

El 14 de septiembre de 1973 fue proclamado por la Convención Conservadora candidato a la Presidencia la República para el período 1974-1978, pero en las elecciones celebradas el 21 de abril fue aventajado en las urnas por el candidato Alfonso López Michelsen.

Por el Congreso fue elegido Designado a la Presidencia de la República el 24 de noviembre de 1982, honor que ostentó hasta el 5 de septiembre de 1984, cuando se eligió a la persona que constitucionalmente debía sucederlo.

Ya en 1986 Gómez logró por segunda vez la candidatura oficial de su partido.

Gómez quiso extender su propuesta más allá del partido conservador convocando un movimiento de participación nacional. El candidato oficial liberal, Virgilio Barco Vargas, rehuyó cualquier debate o confrontación personal con Gómez y Luis Carlos Galán, quien aunque llegó a debatir en directo por televisión con Gómez, a último momento sacrificó su opción para asegurar un triunfo liberal, eclipsado por la sombra de un presidente poco elocuente en un país que había sido de oradores.

El último intento por alcanzar la presidencia lo hizo en 1990, con un movimiento denominado SALVACION NACIONAL, siendo elegido César Gaviria, quien tras el asesinato de Luis Carlos Galán, heredó gran parte del voto de opinión.

Asamblea Constituyente de 1991

El 5 de febrero de 1991 ingresó a la Asamblea Nacional Constituyente para reformar la Constitución de 1886.

Álvaro Gómez había encabezado un movimiento suprapartidista al lado de notables figuras liberales como Carlos Lleras de la Fuente, hijos ambos de dos hombres que en vida fueron antagonistas irreconciliables pero el tiempo y la circunstancia de coincidir en los temas de fondo, en instante tan delicado para la democracia, se conjugaron en un momento estelar que sustrajo una influencia en la constituyente que pudo ser funesta.

Muchas de sus ideas e iniciativas fueron de una u otra forma acogidas tras duras batallas, algunas fallidas, que dilataron procesos claves, como la caída Reforma Constitucional de 1979, declarada inexequible. Entre sus iniciativas que finalmente se terminaron por imponer destacan la elección popular de alcaldes y gobernadores, la creación de la Fiscalía General de la República, e introducir el concepto de Planeación en la Constitución Nacional. A pesar de ello, muchos sostienen que, aun no hay verdadera planeación en Colombia.

EL IDEÓLOGO

Contra lo que pudiera pensarse, nunca le fue fácil el ejercicio de la política a Álvaro Gómez. Por el tiempo en que ingresó al parlamento se vivían en Colombia épocas muy difíciles por los excesos del sectarismo partidista y para permanecer en escena había que comprometerse en muchas batallas. Cuando con el Frente Nacional se hizo la reconciliación de los partidos, la prensa liberal, apenas después de muchos años, empezó a ser amistosa y justiciera con Gómez Hurtado, y cosa parecida sucedió con un sector de su propio partido, que, evocando antiguas disputas intestinas por él no generadas, le fue remiso en jefaturas no obstante reconocer su jerarquía evidente.

Esas circunstancias, sumadas a las condiciones de su carácter, obligaron a Álvaro Gómez a ser, durante toda su vida, un combatiente. Pero un combatiente singular que en lugar de procurar la derrota del adversario busca su adhesión por el convencimiento.

Siendo la dialéctica su arma de lucha -y quizás porque nunca rehuye el enfrentamiento- es muy frecuente que, por paradoja y sin propósito deliberado, se vea situado en campos peligrosos.

A la edad de 25 años, cuando su padre hubo de exiliarse en Ecuador por ser perseguido del gobierno a raíz del golpe de cuartel del 10 de julio de 1944, Álvaro Gómez tuvo que asumir la dirección de "El Siglo" y desde esa trinchera comandar la oposición a todo un régimen adverso y omnipotente que quería arrasar a su partido.

Siendo un parlamentario novel que por segunda ocasión era elegido miembro de la Cámara, en el período 1948-50, le correspondió asistir al Congreso más intransigente y vehemente de que da cuenta la historia colombiana. En la madrugada del 8 de noviembre de 1949, dentro de irreflexivo debate protagonizado por otros y en el que fue muerto a tiros el representante Jiménez y heridos Jorge Soto del Corral y Ricardo Silva, la curul que ocupaba Gómez Hurtado resultó atravesada por dos balas de revólver y de no haber alcanzado a tenderse cuando se iniciaron los hechos, seguramente, hubiese sido muerto.

Desempeñándose como Embajador en Italia vino al país para estar presente en las exequias de su hermano. En el corto lapso en que compartía con sus familiares el dolor de aquella muerte prematura, sucedió el golpe del general Rojas Pinilla el 13 junio de 1953, y con su familia expulsado de Colombia, colocándose en la primera línea de los combatientes contra el gobierno de facto. Desde el exterior, primero, y luego desde el interior cuando pudo ingresar al país, fue actor valeroso y persistente en la lucha contra un régimen que se decía ejecutor de los ideales "de Cristo y de Bolívar". La imprenta clandestina fue su cómplice. Ocupó su curul en la Asamblea Nacional Constituyente y con un grupo de aguerridos conservadores y el doctor Alberto Lleras Camargo como único liberal formaron lo que se conoció con el nombre de "Escuadrón Suicida", que fue un fortín heroico contra lo que el general Rojas encarnaba. Luego Colombia se paralizó, y el general Rojas cayó el 10 de mayo de 1957.

Después se escribió el patriótico capítulo del Frente Nacional, sistema de gobierno que para lograr la pacificación de los espíritus en buena hora idearon los expresidentes Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, y en el que Álvaro Gómez tuvo intervención muy importante. A esa tarea de reconciliación nacional se entregó Gómez Hurtado con el mayor fervor y arriesgando todo su prestigio en la prédica del entendimiento entre colombianos.

Concluidos en 1974 los 16 años de gobierno compartido a que se concretó el Frente Nacional, y hasta su muerte, Álvaro Gómez prosiguió sin fatiga en su empeño de civilizar e intelectualizar el ejercicio de la política y estructurar, en beneficio de Colombia, un Estado moderno en que el pueblo recibiera los beneficios del desarrollo económico y social.

La coherencia de su pensamiento estriba en su formación y su talante moral e intelectual, pero fundamentalmente en sus planteamientos acerca de lograr un gran acuerdo fundamental, de participación nacional, para identificar unos propósitos que sirvan de marco para la planeación y ejecución de una política de desarrollo industrial y tecnológica, con objetivos precisos a corto, mediano y largo plazo, como hizo Corea del Sur.

Sus concepciones, relacionadas en diversas etapas de su vida, aparecen destacada en sus libros, fundamentalmente: “El paraíso perdido de los soviets”, escrito en la temprana adolescencia como una obra de periodismo investigativo, que explica su aversión al sistema comunista implantado en la Unión Soviética, La Revolución en América”, escrito durante el exilio en España,“Soy Libre”, escrito durante el cautiverio del secuestro y la Cátedra de Cultura Colombiana, dictada durante la última etapa de su vida. En tales documentos, no solo se desmenuza la historia sino que constituyen una visión del futuro, a la vez que son lamento por el tiempo perdido, que hace pensar en lo que hubiera podido ser y no es, con el sueño vivo de lo que todavía pudiera y debiera ser.

Su formación, influenciada por el pensamiento clásico griego, cristiano, apostólico y romano, derivado de los jesuitas, amalgamó el racionalismo político de la revolución francesa y la ilustración, con el racionalismo científico de la revolución industrial, sobre las bases de una sociedad democrática, fundada en el respeto por la Ley y el orden para garantizar la libertad.

Para Álvaro Gómez los grandes logros del siglo XX fueron el afianzamiento de la democracia como sistema político, representado en la libre expresión y garantizado por la libertad de prensa, y del capitalismo como sistema económico, representado por la libre iniciativa y garantizado por la propiedad privada.

EL CATEDRÁTICO

Póstumamente se publicó, en tres tomos, la cátedra de Cultura Colombiana que dictó, por dos años, hasta el día de su muerte, pudiéndose decir que si su libro La Revolución en América es el prólogo de una visión crítica del Nuevo Mundo, la cátedra universitaria es un desesperado intento por trasmitir a la nueva generación la misma visión, con el añadido histórico de 40 años perdidos.

La cátedra es su último mensaje. Está dirigido a la juventud, sin pretensiones exclusivistas, pero vertebradas con la visión de un guerrero de la cultura, salpicado en mil batallas con la historia de su tiempo. En un lenguaje sencillo plantea su visión del pasado, del presente y del futuro, dentro de un contexto universal, que se hunde en las raíces de la civilización, sobre todo de Occidente, que terminó abordando una América, que también navegaba sobre la marea de la historia, y lo que de ello resultó, que somos nosotros. Una raza que si no soluciona sus conflictos, no tendrá porvenir.

Álvaro Gómez nació en Bogotá, el 8 de mayo de 1919. Entre los cinco y los siete años vivió en Buenos Aires, a los nueve años viajó a París y estudió un año en el Colegio Saint Louis y luego, en Bélgica, en el Saint Michel. A los catorce años regresó a Colombia. A los dieciséis escribió su primera nota, sin firma, para "El Siglo", y a los diecisiete se graduó de Bachiller en el Colegio de San Bartolomé, ubicado en una esquina de la plaza de Bolívar, a dos cuadras de la casa donde nació, y franqueado por la Catedral Primada de Colombia y el Capitolio Nacional, troqueles del espíritu y la democracia de la civilización occidental, cuyos valores supremos marcaron en su carácter huella indeleble.

La víspera de la Navidad de 1937, apareció en "El Siglo", como autor de ilustraciones navideñas y cinco semanas después publicaba su primera crónica firmada. Tenía dieciocho años. De allí en adelante el periodismo no lo abandonaría nunca y habiendo pasado por todas las posiciones se consolidó como Codirector de "Revista Colombiana", a los veintiún años, Jefe de Redacción de "El Siglo", con atribuciones de Subdirector a los veinticinco años y de ahí en adelante varias veces Director. Además, fue fundador y Director de la revista "Síntesis Económica" y del "Noticiero 24 Horas" que desde 1976 se emitió por televisión.

A los veintidós años pronunció, en Bugalagrande, su primer discurso político, siendo elegido, el mismo año de 1941, concejal de Bogotá, a la par que obtenía su título de abogado en la Universidad Javeriana, regentada, como el Colegio de San Bartolomé, por la comunidad jesuita.

A los veinticinco años ingresó por primera vez a la Cámara de Representantes y dos años después contrajo matrimonio con Margarita Escobar López con quien tuvo tres hijos, en casi cincuenta años de feliz matrimonio. Poco después de casarse viaja a Suiza como embajador donde permaneció año y medio hasta abril de 1948.

Regresó a ocupar la dirección de "El Siglo" labor que ejerció por algo más de tres años a la par que resultó en 1950, a los treinta y un años, elegido senador de la república por primera vez.

Ocupó efímeramente la embajada de Italia en 1953 y cinco semanas después de haber regresado, por duelo familiar tras la muerte, en un accidente de aviación, de su hermano Rafael, es desterrado por el gobierno del general Rojas Pinilla quien, tras golpe militar contra su padre, el presidente Laureano Gómez, se había tomado el poder.

Durante ese destierro en España escribió uno de sus mejores libros: "La Revolución en América" y sirve como "amanuense" de los acuerdos que entre su padre y Alberto Lleras condujeron al "Frente Nacional".

El 20 de octubre de 1956 ingresó a la Asamblea Nacional Constituyente y, en primera fila, con Alberto Lleras y otros conservadores de la línea de su padre, encabezaron la oposición que dio al traste con el régimen.

Concluido, en 1970, el período de dieciséis años de alternación política pactado por el "Frente Nacional", se presentó por primera vez como candidato a la presidencia de la república a los cincuenta y cinco años de edad.

En 1982 fue elegido Designado a la Presidencia. Entre 1983 y 1984 ocupó la embajada en Washington.

En 1985 fundó la universidad Sergio Arboleda.

En 1986 aspiró por segunda vez a la Presidencia de la República. y asistió por última vez al senado. Retomó la dirección de "El Siglo".

El 29 de mayo de 1988 fue secuestrado en Bogotá por el grupo guerrillero M-19, siendo liberado después de gran incertidumbre el 20 de julio de 1988.

El 31 de julio de 1990 dejó para siempre la dirección de "El Siglo" y aspiró por tercera vez a la Presidencia de la República.

El 5 de febrero de 1991 ingresó a la Asamblea Nacional Constituyente donde fue elegido Copresidente.

Entre febrero de 1992 y marzo de 1995 se desempeñó como embajador en Francia.

De regreso al país se ocupó, entre otras cosas, de dictar una cátedra de Cultura Colombiana en la Universidad Sergio Arboleda, a los alumnos de la facultad de Derecho y el 2 de noviembre de 1995, cuando salía de esa institución, fue asesinado a balazos junto con su asistente dentro de su vehículo automotor. Tenía 76 años.

Cronología

1919 8 de mayo. Nace en Bogotá.

1923 Viaja a Buenos Aires en donde permanece 2 años.

1928 3 de septiembre. Viaja a París. Estudia en colegio Saint Louis.

1929 Viaja a Bélgica. Estudia en el colegio Saint Michel.

1933 Viaja a Colombia. Después de breve estadía en Londres.

1936 1º de febrero. Escribe su primera nota, sin firma, para El Siglo.

Se gradúa de bachiller en San Bartolomé.

1937 24 de diciembre. Por primera vez aparece su nombre en El Siglo, como autor de ilustraciones navideñas.

1938 1º de febrero. Publica en El Siglo su primera crónica firmada.

1940 7 de agosto. Co-director de "Revista Colombiana".

1941 26 de enero. Pronuncia primer discurso político en Bugalagrande.

5 de octubre. Elegido concejal de Bogotá.

Se gradúa de abogado en la Universidad Javeriana.

1944 6 de agosto. Jefe de Redacción de El Siglo, con atribuciones de Subdirector.

Ingresa por primera vez a la Cámara de Representantes.

1946 22 de junio. Contrae matrimonio con Margarita Escobar López.

7 de octubre. Embajador en Suiza. Renuncia en abril/48.

1949 29 de noviembre. Director de El Siglo. Renuncia en enero 23/53.

1950 Ingresa por primera vez al Senado de la República.

1953 Embajador en Italia. Regresa el 10 de mayo por duelo familiar.

17 de junio. Desterrado por el gobierno de Rojas Pinilla.

1956 20 de octubre. Ingresa a la Asamblea Nacional Constituyente.

1974 Aspira por primera vez a la Presidencia de la República.

1975 diciembre. Funda la revista "Síntesis Económica".

1976 12 de junio. Director de El Siglo. Renuncia en feb. 24/83.

Funda en televisión "Noticiero 24 Horas".

1982 24 de noviembre. Elegido Designado a la Presidencia.

1983 7 de abril. Embajador en Washington. Renuncia en oct./84.

1985 Funda la Universidad Sergio Arboleda.

1986 Aspira por segunda vez a la Presidencia de la República.

Asiste por última vez al Senado.

1987 26 de febrero. Director de El Siglo.

1988 29 de mayo. Secuestrado en Bogotá. Liberado en jul. 20/88

1990 31 de julio. Deja para siempre la dirección de El Siglo.

22 de agosto. Consejero Editorial de El Nuevo Siglo.

Aspira por tercera vez a la Presidencia de la República.

1991 5 de febrero. Ingresa a la Asamblea Nacional Constituyente.

1992 13 de febrero. Embajador en Francia. Renuncia en marzo 25/93.

1995 2 de noviembre. Es asesinado en Bogotá.

Ninez y juventud

Alvaro Gómez nació en la ciudad de Bogotá, el 8 de mayo de 1919. Fueron sus padres el doctor Laureano Gómez Castro y doña María Hurtado Cajiao, y es el segundo de cuatro hijos: Cecilia, Alvaro, Rafael y Enrique.

Pasó los primeros años en una casa que todavía existe, frente al templo de la Inmaculada Concepción, en la calle 10 de Bogotá, dotada de tres patios, solar, brevos y papayos. Al frente cruzaba el tranvía, dolor de cabeza de la madre, doña María Hurtado, que nunca superó el temor que dicha vecindad le producía por cuenta de sus inquietos hijos.

Sus primeros estudios los realizó en escuelas de Bogotá, Buenos Aires, París, Bruselas y Berlín.

Tan pronto nació Rafael, doña María y sus tres hijos se embarcaron en Buenaventura hacia Sudamérica, para unirse con Laureano, quien junto con Guillermo Valencia se adelantó a Santiago de Chile, para representar a Colombia en una conferencia panamericana, y enseguida asumir la delegación diplomática ante el gobierno argentino.

El barco en el que viajaban estuvo a punto de naufragar. Fue una experiencia difícil de olvidar.

En la capital argentina, Gómez asistió a la escuela pública, que entonces tenía fama en América, y aprendió a leer.

A los seis años don Miguel de Unamuno, amigo de su padre, le enseñó en una playa el arte de fabricar pajaritas de papel.

La afición por la lectura le fue inculcada por su padre desde temprana edad.

“El primer libro que leí se trataba de un niño, pordiosero, que se moría de hambre y frío en una calle, bajo una tormenta de nieve y ante la indiferencia de los transeúntes. Yo recuerdo que leía, es decir deletreaba y al mismo tiempo lloraba. Por eso no me he olvidado”

"Mediante la lectura el hombre puede llegar a tener una actitud independiente, que resista el bombardeo de las noticias y la propaganda''

"La lectura me ha dado más experiencia que mi propia vida. Es el oficio natural que uno debe tener. Borges definió el cielo como una biblioteca inagotable..."

Durante su niñez leía biografías y novelas entre ellos las "Vidas paralelas" de Plutarco'' que era el libro que su padre les había señalado como el más útil en aquella edad. Él sostenía que Plutarco había sido la influencia determinante en Shakespeare y tenía una gran admiración por la capacidad formativa de esa obra.

“Ahí me aficioné a la historia y lo que hice fue seguir. He leído más historia que otra cosa"

"Si se lee historia es para empinarse, para tener puntos de referencia con dimensiones superiores a las del resto del mundo circundante. Eso es lo útil, eso es lo hermoso."

De regreso en Bogotá, Alvaro cursó el preparatorio, equivalente al quinto de primaria, en el Colegio Nacional de San Bartolomé.

En el año 1928, al morir su abuelo don Simón Hurtado, la familia viajó a Francia, para pasar una temporada en París, donde Laureano profundizaría sus estudios, y Alvaro sería matriculado en el colegio San Luis de los Jesuitas. Vivieron en el barrio “La Estrella”, a poca distancia del Arco del Triunfo.

Un profesor les enseñó latín y francés e historia de Francia, educación que se complementaba con las visitas a los museos.

En el esmero por la educación de los hijos, Laureano Gómez los internó en Bruselas. Alvaro estuvo en el Saint Michel, el mismo colegio donde estudiaba Alfonso López Michelsen, aunque éste iba unos cursos más adelante.

"En mi primera juventud se presentaban todavía como novedades Tolstoi y Dostoievsky. Yo creo que la gran distancia que hay entre mi generación y la subsiguiente es Dostoievsky. La mía le puso mucho sentimentalismo a los desgarramientos de sus novelas. Era una forma cristiana y a la vez humanística de concebir el mundo. Y todo el tiempo se trabajaba sobre una expresión práctica del bien y del mal. En lo hondo siempre había un problema moral ''

Una nueva etapa vivieron en Berlín, cuando el padre fue nombrado ministro de Colombia ante el gobierno de Alemania.

Los dos niños mayores acompañaron a Laureano a Londres, para una serie de entrevistas con el entonces embajador de Colombia, Alfonso López Pumarejo.

Y volvieron a Bogotá, para que Laureano comenzara la formidable lucha de oposición, legendaria en la historia de Colombia.

Nuevamente la familia regresó a Colombia y Alvaro Gómez terminó, con honores, el bachillerato en San Bartolomé.

Estudia, a continuación, la carrera de Derecho en la Universidad Javeriana y a los 22 años, en 1941, se gradúa de abogado con la tesis “Influencia del estoicismo sobre el Derecho Civil”.

Famiñia

" Fuimos cuatro hermanos, Cecilia que se casó en primeras nupcias con Daniel Mazuera Villegas y después de enviudar con el médico Carlos Fajardo. Luego sigo yo, después mi hermano Rafael que era el simpático de la familia y murió en un accidente de aviación, el menor es Enrique, el más inteligente".

" La vida tiene muchos dolores, pero a mí no me ha dejado huella. Cicatrizo bien. Las heridas no me duran abiertas. Por eso puedo decir algo muy simple: mis dolores han sido la pérdida de mis familiares, de Rafico, mi hermano; de Daniel, mi cuñado y luego la de mis padres..."

"La familia subsiste en Colombia pero la quieren deteriorar"

Atrimonio

De pequeños, Álvaro Gómez y Margarita Escobar López vivieron en el mismo edificio en París, cuando las familias de ambos se hallaban residenciadas en la capital francesa. Se volvieron a encontrar muchos años después en Bogotá, cuando Álvaro comenzaba sus estudios de Derecho en la Universidad Javeriana y Margarita terminaba sus estudios secundarios en el Colegio de Las Casas.

Después de un corto noviazgo, se casaron en la Capilla de San José, de la Iglesia de San Ignacio, en Bogotá, el 22 de junio de 1946.

Juntos modelaron un hogar hermoso y discreto, signado por la austeridad en las costumbres y la dignidad en los comportamientos. Los dos amantísimos padres y abuelos.

En casi cincuenta años de feliz matrimonio, tuvieron tres hijos y cuatro nietos.

Formación intelectual

“Es una estupenda obligación repensar todas las cosas”

Buenos Aires, París, Bruselas, Berlín, Bogotá y la casa paterna fueron los centros de formación de Álvaro Gómez. Una sólida cultura humanística vigilada de cerca por su padre, Laureano Gómez,forjaron en el joven Gómez a un sólido intelectual.

Siendo un adolescente comienza un ejercicio periodístico, que no abandonó nunca. Ya su nombre figura no sólo en la noticia diaria buscada y hecha por él, sino que en el suplemento literario de “EL SIGLO” aparecen sus primeros juicios críticos sobre política, arte, filosofía, literatura, etc.

Leer, escribir y opinar se convierten en sus hábitos diarios. Poco después venía la política y desde entonces el país se habituó a ver en Álvaro Gómez al hombre culto, estudioso y crítico. El ejercicio del periodismo y de la política se convierten en eficientes motores para exigirse y mantenerse en forma intelectualmente. Quitándole tiempo a estas dos actividades básicas, escribe profundos ensayos sobre política y sobre literatura. Analiza certeramente las corrientes culturales de su tiempo. Los temas sociales, jurídicos, económicos y políticos fueron una y otra vez pensados y repensados. Columnas de prensa, editoriales, ensayos y conferencias sobre ellos, han decantado su posición intelectual convirtiéndolo en uno de los más profundos escritores públicos de Colombia en las últimas décadas. La cátedra universitaria, los centros de estudios, y el parlamento han sido testigos de su talante intelectual.

"Lo que más he leído es Shakespeare. En una época me sumergí en La decadencia de Occidente, de Spengler. Es por etapas. Se reciben influencia múltiples y casi siempre sucesivas. En un tiempo me fascinó Berdiaeff, porque manejaba un cierto don profético. Gasté mucho tiempo explorando filosofía. Arranqué de un tomismo básico y a eso le metí lo que pude: Descartes, Pascal... es tan difícil seleccionar, Hegel, naturalmente. Cuando me dio por Kant comprendí que no estaba aprovechando los artificios de un magnífico racionalismo. Y me quedé por ahí un poco ecléctico. Al terminar la última guerra las emprendí con el existencialismo, para ver si había algo. Quedó la literatura seudofilosófica de Sartre y también la de Kirkegaard. Pero lo más sólido es Heidegger. Ahora yo ya me siento ubicado en ese campo y eso me permite trasladarme a la filosofía puramente política..."

Admirador apasionado de la cultura griega porque, según solía repetir, fue la inventora del pensamiento y las ideas; “cuando uno piensa algo -decía-, descubre que ya los griegos lo habían pensado”. De ahí que no sea de extrañar que sus libros de consulta preferidos fueran “Paideia”, de Werner Jaeger, que contiene la esencia de aquella cultura, y “Los Animales”, de Aristóteles.

"Una ideología puede tener muchas expresiones. La marxista, curiosamente, se formuló en la forma más enrevesada posible, en la época que cada filósofo alemán inventaba su propia nomenclatura. Sorprende que tres de las formulaciones más abtrusas hubieran encontrado una divulgación ampliamente popular: la de Hegel, un poco anterior la de Marx y luego la de Freud. La conjunción de estas dos últimas ha tenido el más grande efecto en la historia de la humanidad, después de las tres o cuatro religiones antiguas".

"En un principio el liberalismo no me convenció. Siempre lo consideré demasiado apegado a las filosofías abstractas y afianzado en un individualismo extremo. "

"Después, evalúe todo lo que el liberalismo significa como propuesta en el ejercicio de la libertad y comprendí que en los dos partidos, que provienen de una concepción demoliberal en la organización del Estado, deben preservar ciertos elementos básicos, como la libertad de prensa y la iniciativa privada. Sin estos dos valores es imposible manejar la democracia. Y me he dedicado a exaltarlos cada vez que los veo amenazados y por eso llegué a decir un día que soy el último liberal que queda en Colombia."

De esta intensa actividad intelectual Álvaro Gómez rubricó los siguientes libros:

- “Influencia del Estoicismo sobre el Derecho Civil”.

- “El Paraíso Perdido de los Soviets”.

- “Herencia Colonial de la Imaginería Religiosa de Santa Fe de Bogotá”.

- “Gloria, Arte y Humor de José María Espinosa”.

- “Cuadernos de Formación para Redactores y Corresponsales”.

- “Influencia Étnica”.

- “Tierra”.

- “La Revolución en América”.

"Soy Libre".

De su obra periodística como director de EL SIGLO entre 1976 y 1983, se publicaron siete tomos de sus editoriales, así:

- “La Otra Opinión”.

- “Opinión”.

- “Ante la Decadencia”.

- “Civismo y Civilización”.

- “Planeación”.

- “Posiciones”.

- “Calidad de la Vida”.

Compilaciones de sus discursos, conferencias y ensayos se han publicado en los siguientes libros:

- “El Engaño de la Reforma Agraria”.

- “Devaluación 1962”.

- “Hoy en el Pensamiento de Álvaro Gómez”.

- “Política para un País en vía de Desarrollo”.

- “Álvaro Gómez: Diccionario Político”.

- “Las Letras y el Talante”

“El Pensamiento económico-social de Álvaro Gómez”

- “Álvaro Gómez Informal”

Póstumamente se ha publicado la cátedra universitaria de “Cultura Colombiana” en tres tomos:

“Cultura y Civilización”

“Choque de Culturas”

“El Tiempo Perdido”

También una recopilación de la correspondencia envíada a su esposa durante su vida, titulada:

“Pensando en ti Margarita”.

Póstumamente se ha editado de otros autores::

ÁLVARO GÓMEZ HURTADO “Su pensamiento Vive” por Alberto Bermúdez.

Una visión del siglo XX: De Laureano a Álvaro Gómez por Juan Gabriel Uribe.

Rasgos para un perfil ÁLVARO GÓMEZ por Gabriel Cabrera.

Política

"No he pasado por la vida pública. He estado desde el principio y en ella me quedaré, Dios mediante".

“Yo hago política donde me toque hacerla y nunca he subordinado el hecho de adelantar una campaña a recibir cualquier distinción”.

“Estoy en la política todo el tiempo. Van a tener que contar conmigo hasta que me muera, porque voy a hacer política aunque sea senador o no lo sea, aunque sea periodista o no lo sea, aunque sea Presidente o no lo sea”.

Desde su primera edad tuvo Álvaro Gómez contacto con la política. Su padre fue el jefe del partido conservador y el más deslumbrante parlamentario de la historia colombiana. Estar a su lado era encontrarse en el centro de la política.

Los primeros recuerdos políticos de Gómez Hurtado se remontan a los tiempos en que el doctor Laureano Gómez fue ministro en la administración del general Pedro Nel Ospina, por allá en 1925 y 26, y hacen relación con las visitas que el Presidente de la República solía efectuar a su familia en una finca veraniega cercana a Bogotá. Sus primeras intervenciones políticas las realizó en Alemania, cuando con grupos de la juventud alemana hizo activismo y en las calles de Berlín pegó afiches en favor del centrista mariscal Hindenburg y en contra de Hitler y su movimiento nazista, y en contra de Thelemar que era el candidato comunista. Su primera actividad en Colombia ocurrió cuando, usando todavía pantalones cortos durante unas vacaciones escolares, acompañó a su padre en una gira política por el Valle del Cauca; durante una concentración algunos del público pidieron que hablara el hijo de Laureano Gómez; "me asusté mucho -rememoraba Álvaro Gómez- pero salí al balcón. Creo que no me fue tan mal y perdí para siempre el temor a los discursos".

Su acercamiento al parlamento tuvo lugar siendo aún muy joven, porque desde cuando contó apenas edad suficiente acompañaba a su padre al Congreso, costumbre que conservó siempre. Y a los cuerpos colegiados ingresó también muy joven. A los 21 años era concejal, a los 25 representante y a los 32 senador de la República, edad fijadas como mínimas por la Constitución Nacional para desempeño de esos cargos electivos.

Contando con escasos 21 años fue elegido concejal de Engativá, población vecina a Bogotá, y tuvo por colegas en ese cabildo a dos liberales que años después serían presidentes de la República: los doctores Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay.

En varias oportunidades fue concejal de Bogotá y otros municipios de Cundinamarca. Representante a la Cámara en 1944-1946 y 1948-1950. Senador en los períodos 1950-1954; 1958-1962; 1962-1966; 1966-1970; 1978-1982; 1982-1986.

Nunca le fue fácil el ejercicio de la política a Alvaro Gómez. Por el tiempo en que ingresó al parlamento se vivían en Colombia épocas muy difíciles por los excesos del sectarismo partidista y para permanecer en escena había que comprometerse en muchas batallas. Cuando con el Frente Nacional se hizo la reconciliación de los partidos, la prensa liberal, apenas después de muchos años, empezó a ser amistosa y justiciera con Gómez Hurtado, y cosa parecida sucedió con un sector de su propio partido, que, evocando antiguas disputas intestinas, por él no generadas, le fue remiso en jefaturas no obstante la evidencia de su jerarquía.

Esas circunstancias, sumadas a las condiciones de su carácter, obligaron a Alvaro Gómez a ser, durante toda su vida, un combatiente. Pero un combatiente singular que en lugar de procurar la derrota del adversario buscaba su adhesión por el convencimiento.

Siendo la dialéctica su arma de lucha -y quizás porque nunca rehuía el enfrentamiento- fue muy frecuente que, por paradoja y sin propósito deliberado, se viera situado en campos peligrosos.

A la edad de 25 años, cuando su padre hubo de exiliarse en Ecuador por ser perseguido del gobierno a raíz del golpe de cuartel del 10 de julio de 1944, Alvaro Gómez tuvo que asumir la dirección de “El Siglo” y desde esa trinchera comandar la oposición a todo un régimen adverso y omnipotente que quería arrasar a su partido.

Siendo un parlamentario novel que por segunda ocasión era elegido miembro de la Cámara, en el período 1948-50, le correspondió asistir al Congreso más intransigente y vehemente de que da cuenta la historia colombiana. En la madrugada del 8 de noviembre de 1949, dentro de irreflexivo debate protagonizado por otros y en el que fue muerto a tiros el representante Jiménez y heridos Jorge Soto del Corral y Ricardo Silva, la curul que ocupaba Gómez Hurtado resultó atravesada por dos balas de revólver y de no haber alcanzado a tenderse cuando se iniciaron los hechos, seguramente, hubiese sido muerto.

Siendo embajador en Italia hubo de regresar al país para estar presente en las exequias de su hermano. En el corto lapso en que compartía con sus familiares el dolor de aquella muerte prematura, sucedió el golpe del general Rojas Pinilla el 13 junio de 1953, y con su familia expulsado de Colombia. La afrenta al estado de derecho lo colocó en la primera línea de los combatientes contra el gobierno de facto. Desde el exilio, primero, y luego desde el interior cuando le fue permitido el regreso al país, fue actor valeroso y persistente en la lucha contra un régimen que se decía ejecutor de los ideales “de Cristo y de Bolívar”. La imprenta clandestina fue su cómplice. Ocupó su curul en la Asamblea Nacional Constituyente y con un grupo de aguerridos conservadores y el doctor Alberto Lleras Camargo como único liberal formaron un fortín heroico contra lo que el general Rojas encarnaba. Luego Colombia se paralizó, y el general Rojas cayó el 10 de mayo de 1957.

Después se escribió el patriótico capítulo del Frente Nacional, sistema de gobierno que para lograr la pacificación de los espíritus en buena hora idearon los expresidentes Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, y en el que Alvaro Gómez tuvo intervención muy importante. A esa tarea de reconciliación nacional se entregó Gómez Hurtado con el mayor fervor, jugándose entero y arriesgando todo su prestigio en la prédica del entendimiento entre colombianos.

AMANUENSE DEL FRENTE NACIONAL

"He sido hacedor de paz. El Frente Nacional que terminó una guerra civil no declarada salvó las instituciones republicanas. Fue una paz cierta, visible, vivible, todavía vivimos de ella, haber sido el amanuense de esa paz es una de mis mayores preseas.

El partido conservador ha servido. sirvió para defender la democracia, sirvió para hacer la paz. sirvió para mantener el régimen bipartidista que es uno de los acervos políticos del país. Ha servido para permitirle al adversario que gobierne sin obstrucciones y sin ataques a traición y ahora va a servir para que en el momento en que la democracia parece estar agotada surjan todas las esperanzas en torno a una cantidad de programas y de doctrinas que están permitiendo que los colombianos vuelvan a tener confianza en su propio destino.

Concluidos en 1974 los 16 años de gobierno compartido a que se concretó el Frente Nacional, y hasta su muerte, Alvaro Gómez prosiguió sin fatiga en su empeño de civilizar e intelectualizar el ejercicio de la política y estructurar, en beneficio de Colombia, un Estado moderno en que el pueblo recibiera los beneficios del desarrollo económico y social.

El 14 de septiembre de 1973 fue proclamado por la Convención Conservadora candidato a la Presidencia la República para el período 1974-1978. Era la primera contienda electoral posterior al Frente Nacional. Terciaban en primera fila Alfonso López Michelsen, hijo del otrora amigo y luego antagonista político de su padre, el expresidente López Pumarejo, a quien Laureano Gómez había combatido hasta lograr hacer dimitir durante la segunda presidencia, en 1944, y María Eugenia Rojas, hija del general Rojas Pinilla, autor del golpe militar contra su padre en 1953 y quien ansiaba medir su fuerza electoral contra los partidos políticos tradicionales que emergían de un Frente Nacional que, cicatrizadas las heridas, hipotéticamente los volvía a colocar en orillas ideológicamente opuestas.

Gómez presentó al electorado el tema del “Desarrollo”: industrial, tecnológico, basado en la planeación fruto de la concertación, que elevara el nivel económico y por ende social, temas que fueron su obsesión en el transcurrir de su vida pública; pero resultó derrotado por una ambigua “política de ingresos y salarios” que sustentaba Alfonso López Michelsen.

Álvaro Gómez, en momento tan delicado como era la terminación del Frente Nacional, cuando el futuro se presentaba como una incógnita indecifrable, reconoció con gallardía conmovedora en intervención televisada el triunfo de López, anunció su apoyo a lo que considerara razonable, reservándose el derecho de oposición a lo que no lo fuera, y el amanecer de Colombia iniciaba un nuevo ciclo libre de violencia y esperanzada en que López acertara, aunque entre los seguidores de Gómez la desolación era total.

Ahí se perdió la primera oportunidad para Gómez y muchos piensan que para Colombia.

El país, en tanto, hasta finales del siglo XX, sucumbiría ante el influjo del dinero fácil que pervertió la moral, al tanto que se imponían las amenazas de los "capos", las bombas y el dinero a raudos, producto en especial del mercado de la droga, que si pasó por las arcas del Estado no fue invertido en bienes de capital, descompensando una economía, que no fue exitosa, a pesar de la bonanza de capital que se irrigó sin que surgiera una política de inversión adecuada, como que al final el país se quedó "con el pecado y sin el género".

Durante el siglo XX sólo una nación, equivalente a Colombia en extensión, población y geografía, logró salir del subdesarrollo: Corea del Sur.

Pasó de una economía primaria, basada en el arroz, a un desarrollo industrial tecnológico asombroso que los ubicó en la retaguardia del bloque desarrollado.

En 1945 era colonia japonesa. En 1950 fue invadida por comunistas del norte, chinos y rusos. Al iniciar el Frente Nacional, en 1958, era dos veces más pobre que Colombia. Impulsado por una política de desarrollo, en 1974, al iniciar López Michelsen su administración, casi alcanzaba a Colombia en ingreso per-cápita. A partir de allí Corea del Sur dejó de ser pobre para llegar a convertirse al lado de Japón en los colosos: cabeza de los dragones de Oriente.

En 1976 Gómez volvió al periodismo, y, desde la dirección de El Siglo, con una política editorial, ajustada al tono de concordia que el final del Frente Nacional imponía, para no sacrificar lo ganado, mantuvo el ventilador de las ideas apoyando las que consideraba oportunas y criticando las que no.

Temas como acuerdo sobre lo fundamental, planeación, desarrollo, sobre la base de que no existe libertad sin una justicia que se apoye en la verdad y persiga la impunidad, fueron constantemente permeados desde las páginas editoriales del matutino bogotano, muchos de ellos recopilados en seis tomos, entre 1976 y 1980, y enunciados en cuanto foro u oportunidad se presentaba.

Por el Congreso fue elegido Designado a la Presidencia de la República el 24 de noviembre de 1982, honor que ostentó hasta el 5 de septiembre de 1984, cuando se eligió a la persona que constitucionalmente debía sucederlo.

Ya en 1986 Gómez logró por segunda vez la candidatura oficial de su partido , en una Convención, presidida por Misael Pastrana, proclamando: "La Revolución del Desarrollo", que fue su consigna política y económica más persistente, extendiendo su propuesta más allá del partido conservador convocando un movimiento de participación nacional.

“Colombia no está próspera, pero no por eso la queremos menos; todos anhelamos que cambie lo que hay, pero no buscamos el cambio por estar desesperados, o para probar si la suerte nos trae algo mejor; para merecer el cambio, queremos fabricarlo nosotros mismos, no será el cambio al azar, sino el cambio que queramos nosotros, será el cambio del desarrollo, el cambio obsesivo, continuo, prometedor, aspiramos a que haya tanto cambio que yo pueda decir aquí... que mi revolución es el desarrollo”.

El candidato oficial liberal, Virgilio Barco Vargas, rehuyó cualquier debate o confrontación personal con Gómez y Luis Carlos Galán, quien aunque llegó a debatir en directo por televisión con Gómez, a último momento sacrificó su opción para asegurar un triunfo liberal, eclipsado por la sombra de un presidente poco elocuente en un país que había sido de oradores.

El último intento por alcanzar la presidencia lo hizo en 1990, con un movimiento denominado SALVACION NACIONAL, siendo elegido César Gaviria, quien tras el asesinato de Luis Carlos Galán, heredó gran parte del voto de opinión.

Asamblea Constituyente de 1991

El 5 de febrero de 1991 ingresó a la Asamblea Nacional Constituyente para reformar la Constitución de 1886.

Álvaro Gómez había encabezado un movimiento suprapartidista al lado de notables figuras liberales como Carlos Lleras de la Fuente, hijos ambos de dos hombres que en vida fueron antagonistas irreconciliables pero el tiempo y la circunstancia de coincidir en los temas de fondo, en instante tan delicado para la democracia, se conjugaron en un momento estelar que sustrajo una influencia en la constituyente que pudo ser funesta.

Muchas de sus ideas e iniciativas fueron de una u otra forma acogidas tras duras batallas, algunas fallidas, que dilataron procesos claves, como la caída Reforma Constitucional de 1979, declarada inexequible. Entre sus iniciativas que finalmente se terminaron por imponer destacan la elección popular de alcaldes y gobernadores, la creación de la Fiscalía General de la República, e introducir el concepto de Planeación en la Constitución Nacional. A pesar de ello, muchos sostienen que, aun no hay verdadera planeación en Colombia.

Periodismo

"El periodismo como casi todos los oficios consiste en resumir bien"

"El mejor resumen es el que lo dice todo en un párrafo"

Más que la política y por sobre cualquier quehacer intelectual, fue el periodismo la actividad que más atrajo a Álvaro Gómez quien durante toda su vida siempre tuvo relación directa con algún medio de comunicación o varios a la vez.

Desde cuando estudiaba en San Bartolomé se vinculó a “El Siglo”, el diario fundado por su padre. Ingresó como traductor de cables, y al poco era también redactor y caricaturista. Muy pronto se hizo experto en todas las artes tipográficas: levanta en linotipo, maneja las tituladoras, arma, fresa e imprime; planea, diseña y además conoce todo el rodaje de la administración de un diario. Si es necesario ilustrar una noticia dibuja el mapa o el croquis correspondiente, y si se quiere un retrato para un artículo literario, lo pinta. De ahí que Gómez Hurtado sea un periodista completo.

Después ejerció las jefaturas de armada y redacción, y luego pasó a ser Subdirector. A consecuencia del golpe de cuartel contra el presidente Alfonso López el 10 de julio de 1944, “El Siglo” fue cerrado y el doctor Laureano Gómez hubo de exiliarse. Entonces Álvaro Gómez como Director encargado, asumió la publicación del periódico a partir del 6 de agosto del mismo año. Luego asistió, en San Francisco, a la fundación de las Naciones Unidas.

''El periodismo de antes era más dogmático, más literario, de pronto más intelectual. Estaba también más comprometido, de manera que las noticias y los comentarios tenían tendencia. El de hoy es un periodismo más sistemático, enfriado por las pantallas. Así como el sistema, antes era caliente y ahora es frío, buena parte del calor humano ha desaparecido. Ese calor salía de las tertulias, que eran nocturnas, y que se hacían con gente de afuera, que tenían ideas y mucho humor. El editorial se podía entregar a las doce de la noche y, claro, salía del horno caliente. Ahora los comentarios son necesariamente más informativos, aportan más elementos de juicio, mientras que antes casi siempre eran una colección de opiniones, es decir, de juicios de valor. No se puede escoger entre uno y otro porque cada uno correspondió a una época...''

"El Siglo nunca fue una empresa rica. En la austeridad a mí siempre me tocó dar ejemplo. El esfuerzo que hacíamos no lo compensaban los sueldos sino la oportunidad de estar en la brega periodística. Y con ese criterio se crearon los mejores periodistas, que han ocupado sitios destacados en las últimas décadas: Los Castellanos, los Giraldo, Alberto Acosta, José Fernández Gómez, Javier Ayala, Arturo Abella... más recientemente: Juan Diego Jaramillo, María Isabel Rueda, Fabio Castillo, Alvaro Montoya, Cecilia Rodríguez, Amílcar Hernández, Mauricio Gómez, todos premios nacionales de periodismo... y muchos más... en fin, casi todos los que brillan hoy..."

"La parte más agradable del periodismo, la que da más sensación de actualidad es la confección física, lo que se llamaba la armada. Es decir, el diseño de las páginas, la titulación, la escogencia de los tipos, la valoración de cada noticia. Eso, que era una tarea ardua, se ha simplificado mucho con los nuevos procedimientos."

A raíz del incendio y total destrucción del “El Siglo”, durante los sucesos del 9 de abril de 1948, Gómez Hurtado, que para entonces se encontraba en Suiza desempeñando las funciones de Embajador, regresó y se entregó a la tarea de reconstruir el periódico.

Como Director encargado empezó a editarlo desde el mes de mayo de ese año. A partir del 29 de noviembre de 1949, elegido el doctor Laureano Gómez presidente de la República, Álvaro Gómez asumió la dirección titular, cargo que desempeñó hasta el 23 de enero de 1953 cuando se retiró por haber sido designado Embajador en Italia.

En 1949 después de haber estudiado en los Estados Unidos la organización y métodos de los grandes periódicos norteamericanos, estableció en “El Siglo” las llamadas “Juntas de Redacción”, que consistían en diálogos cotidianos a horas del mediodía con los redactores, cronistas, comentaristas y colaboradores para analizar el ejemplar de la fecha, compararlo con los competidores y planear y distribuir los trabajos de la siguiente jornada. Esas “Juntas de Redacción” cobraron gran fama porque, presididas por Álvaro Gómez, resultaban ser cátedras del más auténtico periodismo, además de constituir el mejor centro de información sobre todos los aspectos de la vida nacional. Para unificar el estilo y elevar las calidades del personal vinculado a “El Siglo” escribió un libro didáctico que tituló “Cuadernos de formación para redactores y corresponsales”, el único texto sobre enseñanza de periodismo que se había, por la época, elaborado en Colombia.

A la dirección de “El Siglo” volvió el doctor Álvaro Gómez el 12 de junio de 1976 y en el cargo permaneció hasta el 24 de febrero de 1983, cuando nuevamente dejó el periódico para desempeñarse como Embajador en Washington.

En el lapso comprendido entre 1938 y 1941 Gómez Hurtado dirigió la “Revista Colombiana”, una publicación quincenal de altísimo calado cultural. En diciembre de 1975 fundó la revista semanal “Síntesis Económica”, importante órgano de análisis de los sucesos económicos de Colombia y el mundo.

En 1976 fundó el noticiero “24 HORAS” que desde entonces y por más de 20 años se emitió por televisión.

El 24 de julio de 1977 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar” que exaltaba su vida y obra.

El 26 de febrero de 1987 asumió por última vez la dirección de El Siglo labor que cumplió hasta el 31 de julio de 1990.

El 22 de agosto de 1990 fue nombrado Consejero Editorial de "El Nuevo Siglo".

"Hoy la libertad de prensa peligra por la concentración económica, porque se requiere mucho dinero para tener cadenas o grandes rotativas o canales de televisión".

"La política, combinada con el periodismo, tiene una categoría excepcional. Ninguna ocupación u oficio puede sustituirla"; suscitar la fe es el más espléndido logro de la política, o de cualquier apostolado".

De su obra periodística como director de EL SIGLO entre 1976 y 1983, se publicaron ocho tomos de sus editoriales, así:

- “La Otra Opinión”.

- “Opinión”.

- “Ante la Decadencia”.

- “Civismo y Civilización”.

- “Planeación”.

- “Posiciones”.

- “Calidad de la Vida”.

- “Temas Cardinales”.

Diplomacia

En cuatro oportunidades el doctor Álvaro Gómez fue Embajador de Colombia y en otras muchas llevó la representación del país en eventos internacionales.

En el año 1947, durante el gobierno del presidente Ospina Pérez, Gómez Hurtado fue designado Embajador en Suiza, país en donde se encontraba cuando se produjeron los sucesos del 9 de abril de 1948. A Colombia regresó inmediatamente con el objeto de entregarse a la reconstrucción de “El Siglo”, totalmente destruido por las turbas en aquella fecha nefanda.

En enero de 1953 fue nombrado por el presidente Urdaneta Arbeláez, Embajador en Italia. Estando en desempeño de sus funciones ocurrió la muerte de su hermano Rafael en un accidente aéreo, y habiendo viajado al país con ocasión de ese triste suceso, fue sorprendió por el golpe militar del general Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953. El día 17 fue expulsado de Colombia en compañía de su padre. Después de una pausa en Nueva York, con su familia, se radicó en España. Por el presidente Belisario Betancur fue designado Embajador en Washington, y a los Estados Unidos viajó a principios del año 1983 para presentar cartas credenciales al presidente Ronald Reagan el 7 de abril del mismo año. En el cargo permaneció hasta el mes de octubre de 1984 cuando renunció para atender a su segunda campaña presidencial.

Entre febrero de 1992 y marzo de 1995 se desempeñó como embajador en Francia, nombrado por el Presidente Cesar Gaviria.

También fue delegado a las conferencias internacionales de Comercio y Empleo, en La Habana; de Aviación Civil, en Suiza; de Libertad de Información y de Ciencias Administrativas, en Ginebra; Internacional de Cancilleres, en Punta del Este, y de Organización Latina de Cooperación Económica, en París. Además, como delegado por Colombia ha asistido a los congresos de prensa en Caracas, La Habana y Nueva York.

La caida de la dictadura

10 DE MAYO DE 1957

El 10 de mayo de 1957, el General Gustavo Rojas Pinilla se vio obligado a dejar el poder en manos de una Junta Militar de Gobierno escogida por Rojas y compuesta por los generales: Rafael Navas Pardo, Gabgriel París, Deogracias Fonseca, Luis E. Ordoñes y el Contra Almirante Rubén Piedrahita

Motines estudiantiles, la presión de los partidos políticos, especialmente el liberal y la fracción Laureanista del conservatismo, el clero, aunado a la actitud reeleccionista del mismo general, que pretendía gobernar hasta 1962, entrabando el retorno a la vía democrática, y en medio de sindicaciones de corrupción, estando las arcas del Estado prácticamente vacías, después del buen manejo de los gobiernos conservadores, el General se vio forzado a abandonar el poder, para satisfacción de la totalidad del pueblo colombiano, que celebró con alborozo la salida del dictador, según consta en las crónicas de los diarios de la época.

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